“El síndrome Piqué” o “cuando el corazón puede más que la cabeza”

Gerard Piqué. 192 centímetros de defensa central. Corpulento. Fuerte. Pero también ágil y técnico. Para un hombre que juega en su posición, la disciplina lo es todo. Un defensa debe tener claro su papel y estar totalmente concentrado cada minuto del partido, esperando los ataques de sus rivales e intentando no despistarse. Un segundo de abstracción y el contrario habrá filtrado un balón entre los centrales que significará un gol.

Un defensa central es cabeza. Y no solo porque debe usarla para despejar los balones aéreos. Hay multitud que defensas que, pese a no tener unas grandes condiciones físicas ni técnicas, han llegado a demostrar un gran nivel debido a su disciplina táctica y su inteligencia en la zaga del equipo. Y sí, Piqué es eso. Aunque debemos reconocer que, defensivamente, no es lo mejor del mundo, tiene unas condiciones muy válidas para jugar de central y aporta un plus añadido de técnica y visión de juego que va muy acorde al estilo de juego de su equipo.

Pero Piqué, a veces, se vuelve loco. Desde pequeñito demuestra que, de vez en cuando, su cuerpo es poseído por un ente misterioso que le hace arriesgar con el balón. El espíritu revolucionario de un futbolista preciosista invade su ser y le empuja a correr hacia delante, a hacer regates imposibles. Desde alevines,ya podemos ver trazas de este fenómeno:

Es el Síndrome Piqué. Futbolísticamente hablando, la explicación es casi imposible. Pocos entrenadores entenderán porque un defensa central corre como un poseso hacia delante para marcar gol. Científicamente es más fácil. Piqué, cuando coge el balón y ve espacio delante suya, desconecta su cabeza y juega con el corazón. El músculo cardiaco se hace dueño de su cuerpo y aparta su mente de la disciplina táctica y la seguridad. Su corazón le hace correr y regatear, intentar remates imposibles y golpear el balón para marcar gol, que sería el súmmum de esta no tan rara enfermedad.

Como él hubo, hay y habrá muchos más. Recuerdo a Lucio, mítico defensa central brasileño, ser llamado “delantero frustrado” por sus arranques hacia delante (con bastante eficacia, por cierto). Ahora, Sergio Ramos también tiene ese instinto temporal que le hace saltarse las indicaciones tácticas e intentar marcar gol. Para dentro de unos años creo que, dado el predominio del ataque en las filosofías de fútbol actuales, aparecerán muchos más jugadores que sufrirán el “Síndrome Piqué”.

Este fútbol de corazón, puro y sin ataduras tácticas, es el tipo de juego que da rienda suelta a los sueños más ocultos de nuestra mente. Y no solo lo sufren los defensas. ¿Creéis que la cabeza de Cruyff pensaba que llegaría a este balón? Por supuesto que no. Este gol es con el corazón.

Tampoco Torres pensó con la cabeza cuando emuló, no hace tanto, este gol de Cruyff.

Por supuesto, ninguna neurona del cerebro de Ibrahímovic le dijo que este control era imposible, que no lo intentara.Ibrahimovic

Es otro tipo de juego. Es fútbol, pero de otro estilo. Es el corazón, que desactiva la cabeza y se hace oir. Es fútbol en estado puro. Para terminar, aquí os dejo algunas acciones del autor principal de este “síndrome” loco que tanto nos hace disrutar.

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